Para mí 2010 ha sido un año musicalmente intenso. No en lo internacional, en los que mis artistas de renombre favoritos (Lou reed, Neil Young, Bob Dylan, Cohen, Smashing Pumpkins, etc) han publicado mucha paja o incluso no han pulicado.
Como cada vez escucho menos y menos música anglófona, me centro en lo nacional, que nos puede dejar el culo torcido.
Hace unos meses tocó en Tolosa (Guipúzcoa) Nacho Vegas. Mi idolatrado Nacho Vegas. Sería la segunda vez que lo viera, unos meses antes tocó en San Sebastián capital con Christina Rosenvinge.
El concierto pintaba bien. Viernes noche en el teatro de un pueblo que aunque situado a apenas 20 minutos de mi casa, hacía mínimo 10 años que no visitaba y como no, Nacho Vegas presentando su “El manifiesto desastre”, disco imprescindible en mi reproductor de mp3.
Teloneaba Rafael Berrio, un ilustre donostiarra del que yo poco o nada sabía por entonces. Un par de búsquedas en Youtube me arrojaban algunas de sus canciones, muy en la linea del rollo autor maldito que tanto me gusta. Bien, pinta bien.
De repente apareció en el escenario el susodicho, un señor de unos cuarenta y pico tacos, con pinta de haber sido un superviviente de los años 80, con lo que ello conlleva. Antes de cada canción, con voz tímida y queda, apuntaba el título de cada canción, que casi siempre representaba el primer verso de la misma: “Serías perfecto en soledad”, “te quiero, escríbelo en una barra de hielo”, etc.
Yo y mi compañero de trabajo (y a pesar de ello amigo), atendíamos atónitos a la actuación. Anonadados, al menos yo, por la magnificencia de un señor, que sin saber de donde salía, empezaba a convertirse para mí en una especie de ídolo local.
Tiempo después, semanas o quizás meses, seguí indagando en internet sobre su existencia. Lo que me arrojó algunas geniales canciones que ya escuché en el concierto de Nacho Vegas. Durante ese tiempo, tuve la ocasión de cruzármelo por la calle media docena de veces, por lo que supongo (y no pienso investigarlo) que vivirá en mi barrio. Una de esas veces, mientras yo compraba cuerdas para mi guitarra acústica, el pedía a la dependienta de la tienda una caja de cartón para la suya, porque tenía que tocar en granada y necesitaba llevar la guitarra protegida en el avión. No quise decirle nada. No quise decirle que sus letras, sin saber si son ficción o realidad, sin saber si reflejan sus vivencias o simplemente forman parte de un mundo interior inventado, se estaban convirtiendo en una bonita fuente de bellos momentos de autobús y aurículares y breve inspiración musical.
Esta semana se ha presentado su nuevo disco, “1971″. Podeis oirlo en Spotify: spotify:album:6eRz4hzljHvcHo4IfiWUgP
El martes 16 ofreció un concierto íntimo, con un aforo para 120 personas en la sala club del teatro Victoria Eugenia de san sebastián. Entrada a 10 euros agotadas en un par de días. Por primera vez en mucho tiempo me sentí a mi mismo bajando la media de edad de algún lugar.
Fotos del concierto gentileza del Humilde fotero del pánico, al que siempre se le ve por la escena alternativa ñoñostiarra, cámara en ristre. :aquí .
Otro de los proyectos de Rafa Berrio: Deriva (http://deriva.bandcamp.com)
Sin más que comentar, y esperando tiempos mejores.