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Encuentros Vol. 2
Jueves, 27 de Septiembre de 2007.
El festival de cine toca a su fin. Hoy he acudido a una de las “Perlas” del festival de cine. El concierto de Lou Reed “Berlin”, dirigida por Schnabel.
Berlin es el tercer album de Lou Reed. Uno de sus mayores fiascos comerciales. El album completo gira alrededor de la historia de una pareja que termina sumida en el mundo de las drogas y tal y cual, aunque no es eso lo que hoy quería contar.
Retomo con este post mis aventuras personales por el festival de cine y otro día, si tengo ganas, cuento la película.
La cinta se proyectaba en el teatro Victoria Eugenia, donde hace pocos meses tuve la suerte de disfrutar de Patti Smith y su grupo en directo y de la obra “La plataforma” basada en la novela homónima del francés Michel Houellebecq.
Puesto que las entradas no eran numeradas, opté por dirigirme lejos del patio de butacas para ver el film, en la zona más alta, superior al palco, puesto que este mismo estaba reservado para las estrellas invitadas, que más tarde sabría quienes eran.
Y es que al final de la cinta, mientras sobana Sweet Jane, canción que cerraba el concierto (Y de mis favoritas de La Velvet Underground, grupo fundado entre otros por Lou Reed, la estrella de la noche), decidí salir antes que nadie para ver si podíamos colarnos en el pasillo que daba a las puertas de los palcos, donde supuse que estaría la beautifull people (La de verdad, la gente guapa visitante, no la local, puesto que esa estaba en la cola, con el resto de los mortales.. Mikel erentxun y Alex Ubago, entre otros).
Las escaleras que conducen a los balcones y los palcos es la misma, por lo que mi acompañante y yo pudimos entrar sin dificultad alguna en el pasillo por los que se accede a las localidades VIP. La lógica me decía que por ahí andaría Paul Auster (Claro, los relaciono por aquello de que Lou tiene un pequeño papel en “Blue in the Face”, dirigida por Auster). Tras avanzar por el pequeño pasillo e ignorar dejando atrás al tipo aquel que muestra el culo en un anuncio de nosequé (otra vez) y a Nicoleta Brasci, a la que reconocí cuando ya habíamos salido del teatro, atisbé una nunca canosa de aproximadamente metro noventa de estatura. – Ã?â??Ã?¿Es Paul, no? – dije a mi acompañante. – Ã?â??Ã?¿Quieres otro autógrafo?. Y sin miedo de ser detenidos por acosadores de escritores de best sellers acudimos hacia él, que esta vez se mostraba más simpático y relajado que la anterior ocasión en la que coincidimos de austeriana forma.
- “Hi Paul!, Ã?â??Ã?¿can i have an autograph? – dije mientras pensaba si se acordaría de mí o no. Paul hizo un gesto afirmativo con la cabeza, a lo que saqué mi pluma de Kafka (Friki stuff) y mi acompañante sacó de su bolso una agenda escolar, lo primero que tenía a mano. Paul asió la pluma e intentó escribir. No me acordaba ya de que estaba sin tinta. Mientras Paul intentaba hacer algo parecido a firmar yo trataba de hacerme el gracioso: – It’s the Kafka’s pen. There is his autograph. – A lo que Paul, viendo que no lograba trazo alguno contestó – I think Kafka doesn’t write anymore. – oh! Sorry. Corre, rapido, la pluma buena – . Mi acompañante sacó de su bolso, lío con su estuche incluido (ya se sabe los bolsos de las mujeres como son) Una pluma (he de admitir que de la misma colección de fascículos de réplicas de plumas de escritores célebres) , pero con la firma de Nietzche. – “Use this please, the Nietzche’s pen”. Y Paul dijo riendo – “oh! that’s the good one”.
Tras mil agradecimientos atisbamos al fondo del pasillo a Lou reed, acompañado de Fernando Sanders, su bajista habitual (Que un día antes se cruzó un par de veces con nosotros por la calle, portando bolsas del supermercado “todo todo”, lo que me hizo dudar si realmente era él o no, aunque por si acasó, nos saludó sonriente). Cuando ya iba a armarme de codos para abrirme paso hacia ellos, recordé que mi querida acompañante tenía en su bolso mi ejemplar de bolsillo de “El palacio de la luna”. Tras otra corta e intensa espera mientras urgaba en su bolso, lo sacó y volví a interrumpir amablemente a Paul. – “Paul.. Sorry!” y me firmó el libro, mientras escrutaba la pluma para comprobar que no se trataba de la pluma seca de Kafka otra vez.
Tras esto, ya sí y sin la necesidad de tirar a nadie por la hornamental escalera que comunica la puerta principal con los palcos, avanzamos hacia Lou Reed. – “Please Lou, can i have an autograph?” (Deberian enseñar esa frase antes de “my name is ____” en los cursos de inglés). Lou agarró la pluma y señalando con el dedo, le pedí que echara un garabato bajo la firma de Paul Auster. (todo un fetiche para mi colección). Lou rompió la tensión con una frase que hizo añicos su fama de tio borde y nunca olvidaré “A Gentlemen’s Pen” y sonrió.
Ambos, mi acompañante y yo, nerviosos, bajamos por la escalera principal y salimos a la calle, posándonos al lado de los coches oficiales que esperaban a las estrellas para llevarlos, supongo, a cenar a algun restaurante de comida rápida. McArzak, mismamente.
Un instante después bajaron por las escaleras Paul auster y su esposa Siri Hudsvet. Una rabia indefinible recorrió mis venas cuando vi que nadie le miraba ni le pedía un autógrafo. (Ã?â??Ã?¿!!Ã?â??Ã?¿!?!Ã?â??Ã?¿!) No pasaría lo mismo si se tratara de Miss España, sin duda alguna. – Más tarde reflexiono sobre el tema y llego a la conclusión de que toda esa gente conoce la obra de Auster, pero debido al alto precio de las hipotecas se ven forzados a comprar las ediciones de bolsillo de la serie Compactos de Anagrama, que al no incluir foto del autor en la solapa, les impide reconocerle. Es reconfortante-.
Me despido de Auster con un “Bye Paul!”. Nos corresponde cortesmente con un “GoodBye!” y se mete en el coche oficial con su mujer.
Ahí queda eso.


